obra

Marcos Tiglio

Nostalgia del Pierrot

1940

Descripción

La solidez con que Tiglio supo adentrarse en todos los géneros de la pintura de su época se manifiesta en este retrato que arraiga en una doble fuente de inspiración. Por un lado, la gran cantidad de obras que desde hacía casi tres siglos venían retratando personajes y escenas provenientes de la Commedia dell’ Arte. Por otra parte, los mismos disfraces multiplicados en los célebres carnavales boquenses, que ofrecen a nuestros artistas la experiencia visual directa de personajes ya arquetípicos.

 

La figura se inscribe en los planteos clásicos del género (regularidad en las proporciones del cuerpo representado; pose en tres cuartos de perfil, que ofrece la máxima claridad de lectura, a la vez que evita la simétrica rigidez de la frontalidad). 

Como en tantas obras de Tiglio, el planteo compositivo se apoya en el número de oro, expresión geométrica de un encadenamiento de proporciones constantes que rige ciclos y ritmos vitales, y que desde las civilizaciones más remotas fue utilizado como clave armónica en producciones artísticas, arquitectónicas y decorativas.

La división áurea vertical derecha es el eje de la obra, que relaciona la línea de la nariz, los muy pregnantes botones del traje, y el acento que en el borde inferior del cuadro indica la posición de la mano. Mientras, la partición áurea horizontal superior es el eje horizontal que determina la línea del hombro y el encuentro del cuello con el volado del disfraz.

 

La búsqueda de armonía fue una constante en la producción artística de Tiglio. Armonía ajustada a los preceptos artísticos derivados de los principales teóricos de su tiempo (que tenían en André Lhote a uno de sus máximos referentes) y cuyas leyes abarcaban las relaciones y estructuras formales, compositivas y cromáticas.

Así, la paleta elegida para esta obra remite a la armonía de colores análogos propuesta por Michel Eugène Chevreul, basada en la concordancia de matices adyacentes en el círculo cromático. En este caso es el rojo el matiz ordenador, con inclinación hacia tonalidades anaranjadas y carmines levemente violáceos, sus “vecinos” en el círculo.

Siguiendo las enseñanzas de Cézanne, cada matiz reaparece en múltiples sectores del cuadro. Predominando, o funcionando como leves acentos, los rojos y anaranjados que estructuran la paleta se presentan en el rostro, las ropas y el fondo. Asimismo, los neutros blancos y grises, por efecto del contraste simultáneo actúan como irrupciones frías en diversas partes del fondo y en algunos sectores sombríos de la figura. Como resultado, nuestra mirada, guiada por el sucesivo descubrimiento de similares tonos, es inducida a recorrer la totalidad de la obra, haciendo menos estrictos los límites formales de los elementos representados y creando ilusión de “atmósfera”.

Las vibrantes pinceladas que animan la totalidad del cuadro son huellas de la emoción del artista transmitida a la materia pictórica, ejerciendo una especial seducción y aportando al amplio universo de lo inasible, que eludiendo toda razón, distingue al arte.

Extracto del catálogo de la exposición antológica Marcos Tiglio. La razón sensible

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