obra

Delia Piombino

Las damas de rosa

1955

Descripción

Teatro, danza, música, artes plásticas, vestuario, escenografía y maquillaje, se combinan en el fenómeno interdisciplinario del carnaval, tomando a las calles como escenario, y a todo participante como actor y espectador a la vez.

El trabajo de Piombino es afín a la pintura de género, en ocasiones definida como aquella que le otorga protagonismo a “gente ordinaria haciendo cosas ordinarias”. En contraposición a la pintura religiosa, mitológica o a la pintura de historia, la pintura de género recoge la posibilidad de hacer foco sobre cualquier persona inmersa en situaciones cotidianas, más o menos populares, pero siempre nimias o insignificantes desde el punto de vista de su trascendencia. Esta era la clase perfecta de escenas para que los artistas exploraran los aspectos plásticos de la imagen, su propia visión subjetiva de los hechos, y el modo en que estos se ven afectados por algunas variantes ambientales, como la atmósfera y la luz, e incluso por otros elementos invisibles, como los ruidos o los aromas. De este modo, ya no resultaba tan importante «qué» se contaba sino «cómo» se contaba, y por consiguiente, la pulsión del autor o la autora empezaba a ser imprescindible a la hora de contemplar una obra de arte.

Sirviéndose de una pincelada escurridiza y móvil, la pintora recorre la superficie de la obra intentando plasmar el movimiento de las carrozas, la intensidad de la música y el fragor del baile, dando cuenta de una alegría urbana que es característica del espacio público de las ciudades latinoamericanas de mediados de siglo XX. De la misma manera en que lo hacía con sus panoramas de bares y circos, Piombino desdibuja los contornos de las figuras y descentra los detalles de los individuos en pos de generar un clima de unidad y de verbena colectiva. 

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