Justina Molina
¨(...)Respecto a su nombre, observamos que en el acta de bautismo figura como Justina, así como en la de su defunción, pero en el acta de casamiento y la de defunción de su marido, figurará como Agustina (...)¨ (Caporicci Miraglia, 2018, p.8
Biografía
Madre adoptiva de Quinquela Martín, quien alentó su carrera como artista. Casada con Manuel Chinchella en 1892, vivió en el barrio de La Boca desde su juventud. Trabajó en una fonda que estaba ubicada en la manzana donde hoy está el museo creado por su único hijo y de donde a pocos metros también contrajo matrimonio. La familia se sostenía con la venta de carbón y el trabajo en el puerto, dos tareas que Quinquela tuvo que realizar desde su infancia y adolescencia respectivamente. Así recordaba el artista a su madre en la biografía novelesca de Andrés Muñoz (1949):
¨(...) cuando volví de Inglaterra, me en- contré en Buenos Aires a una viejita pequeña, arrugada, de cabeza blanca y rostro aceitunado. Se llamaba Justina Molina de Chinchella. No tenía la menor idea aproxima- da del tamaño del mundo, y cada vez que me veía llegara nuestra casa de la calle Magallanes, al volver de mis lar- gos viajes, se quedaba muy sorprendida de que hubiera tardado tanto en volver, y acostumbraba decirme: ¨Cualquier día te va a pasar una desgracia por pasarte tanto tiempo fuera de casa. ¿No te podrías quedar tranquilo en la Boca una temporada?¨ Y por no intranquilizarla a ella me quedé tranquilo en la Boca desde entonces. (...) La poetisa Lucía Berardo, que vivió a su lado un tiempo, cuidándola en su vejez, recopiló esos versos tomados de viva voz y los conserva en un cuader no con tapas de colegio, que contiene una curiosa antología del cancionero popular. En él figura esta copla, que
le oí recitar muchas veces:
No quiero querer a nadie
ni que me quieran a mí
no quiero pasar trabajo,
ni que lo pasen por mí.
Al decir estos versos, ella les imprimía una emoción y un tono que sugerían todo lo contrario de lo que expresaban las palabras. Doña Justina Molina de Chinchella, se fue de este mundo un día de abril, con sol y con pájaros. En sus últimos momentos le oímos musitar este cantar, que salía de sus labios como una oración: El día que yo me muera no sé quién me llorará;
me llorarán mis amigos de la vecindad.
Pero mi buena madre adoptiva sabía que todos la lloraríamos, y yo más que ninguno. (...)
Muñoz , Andrés, 1949, Vida Novelesca de Benito Quinquela Martín, Ciudad de Buenos Aires, edición del autor. Pp.226- 330.
N.A.: MBB