obra

Santiago Stagnaro

Pierrot Tango

c.1913

Descripción

Los carnavales de La Boca, constituidos en verdaderos espectáculos de sociabilidad que conforman el patrimonio inmaterial del barrio, se sucedieron durante los siglos XIX y XX, convocando a todos los habitantes sin distinciones, quienes se desempeñaban al mismo tiempo como artistas y como personajes dramáticos. La celebración del carnaval y sus instancias ficcionales brindaban escenarios privilegiados para teatralizar los más conflictivos dilemas de la sociedad: el cantor de la murga se transformaba en el portavoz del pueblo, un moderno juglar que contestaba las versiones oficiales de los hechos, con la capacidad de apelar a una serie de códigos compartidos que le permitían explorar formas lúdicas de comunicación con el público. Podemos decir, entonces, que el campo cultural boquense encontró en el carnaval una de las manifestaciones más masivas de su orgullosa identificación con el reverso de la trama social, a través de la cual se subvierte el orden simbólico dominante. 

En Pierrot tango, vemos una clásica fiesta de arlequines y bailarinas, al mejor estilo de la Commedia dell’Arte italiana, donde los personajes exhiben sus trajes y bonetes a lunares, y sus faldas de ballet. Sin embargo, si prestamos atención a la posición de las piernas, nos damos cuenta de que están bailando el auténtico tango porteño. La imagen habla, como pocas, de la mixtura cultural que opera sobre este tipo de festividades, donde los elementos foráneos (en este caso, el teatro popular nacido en el siglo XVI en Italia) se superponen a los locales (un género musical y una danza rioplatense). 

El tratamiento plástico de la obra no es menor: los tonos están colocados cuidadosamente mediante pinceladas yuxtapuestas que provocan gran vibración de la superficie y que dificultan la lectura de los límites de las figuras, que parecen inflamadas por el fuego de la identidad. Da la impresión de que las mismas se mezclan en el fragor del baile, difuminando sus contornos y haciendo patente un movimiento que es ilusorio, provocado también por la pregnancia de las direcciones diagonales. Stagnaro, atraído por ese desorden social que representa el carnaval, alcanza con esta obra el punto culminante de sus desarrollos pictóricos, que a juzgar por el material del que disponemos, no ha tenido continuación, tal vez debido a la trunca experiencia de su corta vida. Sin embargo, Pierrot tango no deja de ser una obra de avanzada en relación con lo que se venía presentando en su época.

Extracto del catálogo de la exposición antológica Santiago Stagnaro. La leyenda del pequeño Leonardo

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