Descripción
El progreso y la opulencia que ostentó la ciudad de Buenos Aires durante el Centenario de la Revolución de Mayo tuvieron su contracara en las grandes desigualdades sociales y en las terribles condiciones de labor que sufrían las clases trabajadoras. Desde la última década del siglo XIX venían produciéndose conflictos, manifestaciones y huelgas que, en su gran mayoría, eran duramente reprimidas y cuya experiencia permitió a los trabajadores ir agrupándose en sociedades gremiales y políticas.
Dada la composición mayoritariamente italiana -y en menor grado española- de nuestra inmigración, el movimiento anarquista alcanzó proporciones masivas en las tres primeras décadas del siglo XX. El proceso de implantación de nuevas ideas políticas, que se había iniciado alrededor de 1870, tuvo un importante impulso en el país, especialmente en La Boca, con la presencia del dirigente Enrique Malatesta entre 1885 y 1889, a cuyo paso se fundaron numerosas “sociedades de resistencia”, denominación de las asociaciones gremiales por oficios de tendencia anarquista. Por su parte, la corriente socialista también tuvo una importante presencia en el barrio. A lo largo de los años, numerosos dirigentes socialistas de primera línea y de extracción obrera tuvieron su origen en La Boca, pero el grueso del movimiento gremial, estuvo hegemonizado por el anarquismo y esta corriente de ideas tuvo una vasta influencia en el campo artístico boquense y en sus integrantes.
En este contexto, el motivo de los trabajadores a la salida de la fábrica se convirtió en la bandera de muchos artistas que se propusieron visibilizar el sacrificio cotidiano de las masas proletarias. Tanto en expresiones teatrales, cinematográficas o pictóricas, la “manada” de obreros abandonando el lugar de trabajo fue metáfora del tiempo dedicado a la producción y el tiempo perdido con los afectos.