obra

Julia Pieri de Puyau

Capillita de mi barrio

s/d

Descripción

Hasta aproximadamente 1930, el enfoque hegemónico de la historiografía tradicional argentina, patente en libros de biografías de pintores, escultores y grabadores, presentó un escenario de grandes nombres de artistas varones consagrados y, si es que se ocupó de nombrar a las mujeres, lo hizo de manera escueta, general y en muchos casos, considerándolas como excepciones. Estas escasas artistas mujeres mencionadas la mayoría de las veces fueron destacadas como “hija de”, “esposa de”,  “pintora de tal o cual personaje”, y su estilo usualmente fue descripto con los rasgos de ternura, sutileza, delicadeza, belleza, elegancia, gracia, suavidad y fina sensibilidad, siempre asociados al universo femenino.

La realidad es que, contrariamente a estos relatos, las mujeres eran muy numerosas como cursantes de estudios de pintura y dibujo, aunque en menor medida en grabado y escultura, y se presentaban a Salones también en forma frecuente, según lo que arrojan los registros y documentos de época. Con pesar, hoy entendemos que las mujeres participaban de forma activa en eventos relevantes dentro del campo artístico y a veces se las registraba en críticas periodísticas, pero el reconocimiento oficial de los autores canónicos o la legitimación de los premios no llegaba o sucedía en forma reducida y desproporcionada a sus accionares.

Julia Pieri de Puyau es una más de esas artistas mujeres que fueron invisibilizadas en la historia, pero simultáneamente a este negacionismo sistemático, se alzaba la figura de Quinquela como coleccionista y gestor de su propio museo, quien dio lugar a muchas de ellas. Esta pintura ingresó en 1941 para formar parte del acervo, y fue elegida como la obra del mes de diciembre, un mes de esperanzas y de deseos que pueblan el porvenir, un mes de celebración y de unión, anunciado con las campanadas que suenan desde la espadaña de esta pequeña iglesia.

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