Descripción
La Boca siempre fue, y aún es, un barrio de espíritu carnavalesco. La herencia de las históricas migraciones que recibió la ciudad de Buenos Aires ha impreso sus huellas simbólicas de manera irreversible en esta zona ribereña. Sus carnavales, constituidos en verdaderos espectáculos de sociabilidad que conforman el patrimonio inmaterial del barrio, se sucedieron durante los siglos XIX y XX, convocando a todos los habitantes sin distinciones, quienes se desempeñaban al mismo tiempo como artistas y como personajes dramáticos. La celebración del carnaval y sus instancias ficcionales brindaban escenarios privilegiados para teatralizar los más conflictivos dilemas de la sociedad.
Las calles se transformaban entre los meses de febrero y marzo: el trabajo de todo el año previo encontraba su corolario en largas jornadas de algarabía. En este sentido, el espacio público se convirtía en objeto de inspiración para muchos artistas de la zona. En el caso de Nicanor Polo, podemos ver una escena que transcurre en la vista posterior de la calle Caminito, especialmente decorada para la ocasión. Varias personas reunidas para encabezar la comparsa portan estandartes y danzan con entusiasmo, ocultando sus rostros con una serie de máscaras que parodian a diferentes etnias (el turco, el chino, el italiano, el africano, entre otras). La histórica diversidad cultural propia de la metrópolis estaba tan naturalizada que llegaba a satirizarse, devolviendo a la sociedad la imagen más elocuente del mosaico de etnias. También puede apreciarse la representación de las distintas clases sociales según los trajes que visten, así como aparece, filtrado entre la multitud, algún personaje proveniente de la Commedia dell’Arte, tradicional reservorio de caracteres a la usanza veneciana.