Descripción
Los pintores de La Boca que se dedicaron al género del paisaje fluvial marcaron el pulso del Riachuelo. Algunos, como Claudio Gorrochategui, eligieron retratarlo en calma, apelando a los recursos de síntesis y masificación del agua, al igual que lo hicieron Fortunato Lacámera y Víctor Cúnsolo. Acompaña la escena el perfil difuminado de un viejo puente que unía las dos orillas. Otros se apoyaron en sus vibrantes cualidades cromáticas, como Miguel Diomede, José Rosso y el mismísimo Benito Quinquela Martín, quien además lo transformó en una verdadera puesta en escena del trabajo diario.
A través de diferentes estéticas, un río largamente contemplado como espectáculo visual, un río “mirado” por todos y “vivido” como espacio simbólico donde se desplegaron conflictos y alegrías, se convirtió en centro de la creación pictórica. A veces es el reflejo de los anhelos comunitarios y otras veces es el río opaco del siglo XXI que reclama la atención de los ciudadanos hacia su pronta recuperación.