Victorica, Miguel Carlos

1884-1955

Biografía

Miguel Carlos Victorica nació el 4 de enero de 1884. Inició sus estudios artísticos con el pintor romano Ottorino Pugnaloni y en 1901 ingresó a la escuela de la Asociación Estímulo de Bellas Artes, donde tuvo por maestros a pintores de la talla de Ángel Della Valle, Eduardo Sívori, Reinaldo Giudici y Ernesto de la Cárcova. En 1911 viajó a París para estudiar con Louis-Marie Désiré-Lucas y obtuvo una beca para continuar sus estudios en España e Italia.

Regresó a la Argentina en 1918 y en 1922 instaló su taller en la Vuelta de Rocha, eligiendo para ello el caserón que la familia Cichero construyó en 1868 como la primera casa de dos plantas del barrio, con lujosos detalles muy avanzados para la época. La Mansión Cichero, como era llamada en aquellos años, en su momento de máximo esplendor supo hospedar hasta a un presidente argentino, pero a principios del siglo XX había dejado de ser morada de la familia de empresarios fúnebres y sus habitaciones comenzaron a ser alquiladas como viviendas de familias o ateliers de numerosos artistas. Acaso el destino del caserón Cichero, nacido en la pujanza de una próspera familia y después convertido en reducto bohemio, sea una metáfora posible de la vida de Victorica, quien viera la luz en el seno de una tradicional familia porteña y luego renunciara a las convenciones sociales para entregar su vida al ensueño del arte.

Sus obras de esos primeros años en La Boca, como este pastel que retrata a una joven tocando la guitarra, presentan una factura inacabada y alejada de referentes naturalistas. La identificación de Victorica con el barrio reconoce razones más profundas que la recurrencia a un tema. No es tanto el paisaje boquense el asunto de sus cuadros, sino aquella atmósfera esencial que lo subyugaba. Las cuestiones plásticas en torno a las cuales el artista construía su obra no se relacionaban con los reverberantes efectos de luz sobre las aguas del Riachuelo, ni con el colorido de las casas boquenses. Sus pinturas no se proponían la captación de un instante objetivo de cuño impresionista, sino el registro de un fugaz instante interior; los seres y objetos tamizados por una experiencia subjetiva, a su vez impregnada por el arrabal. Por eso, ante tantas de sus naturalezas muertas, flores o retratos, advertimos que no podrían haber sido pintados en otro espacio, bajo otra luz, o en otro clima que no fuera el boquense.

collective access / bibliohack